Miré, sonreí.
Vacío como estómago en ayunas
y caminando, sin llenar aún mis ansias
la vagancia de mi mente, divergente, inoportuna
cayó hacia el cielo sin arrogancia
Empalmé las palabras que balbuceaba
todas pocas se referían al espanto
una bruma de esplendor, su mirada en mí fijaba
desconocía hasta ese entonces el significado de un encanto
Miré con desconocimiento, mi propia conciencia
mientras en pensamientos plasmaba su silueta
todo era parsimonia hasta que se marchó con urgencia
era esa planta de tonos vivos, aroma a violeta
Sonreí porque no me quedaban más incordios
pero volví a mi estado natural
mis ojos parecían quedarse sordos
la bruma de esplendor se volvió solo un mural
Mis pasos ejercían censura al suelo
mis oídos ya no veían ni sombras inquietas
todo fue como al principio, recelo
quedé atónito, sentimiento normal en los poetas
Volvería hacia el instante de aquel episodio
y vivirlo con más intensidad y holgura
que el viento, junto con el cielo den testimonio
del porqué me atañó tanto esa ruptura
El Poetólogo
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